Llegó de noche, sin aliento y sin mirada; llegó desnudo en medio de la nada. Abrió la mano y encontró un pequeño pincel de mango grabado en oro con las cerdas mojadas en tinta roja. Acercándolo a su cara dibujó unos labios abiertos arropando una tímida lengua rosada. El aire sopló y apareció la palabra.

Dijo: Ojos, y le bautizó la mirada. Dijo Oreja y se hizo el sonido. Dijo Pelo, y descubrió la belleza. Dijo Suelo, y aposentó los pies. Dijo Árbol, Agua, Nube, Ropa, Casa, Fruta, Flor y Barca. Dijo Ella y se alborotaron las sonrisas. Dijo: ¡Piernas, Carne, Ombligo, Sexo, Orgasmo, Grito y Cielo! Pasó la noche y llegó la madrugada y dijo Hambre, Miedo, Sed y Rabia; Daño, Herida, Muerte e Ira y así llegó la mañana. Dijo Prado, Cosecha, Comida, Comercio, Pueblo, Vecinos, Rebaños y Casas. Dijo Industria, Humo, Edificio y Asfalto; Helados, Columpios, Camiones y Puentes. Dijo Ruido, Prisa, Horario y Trabajo; Dinero, Facturas, Hipoteca y Pobreza. Dijo Mito, Fantasma, Vampiro y Haditas. Dijo Dios, Guerra, Infierno y Trascendencia. Dijo Amigos, Fiestas, Lujuria y Cerveza; Sueño, Sentido, Cansancio y Aburrimiento. Dijo Silencio. Dijo Solo. Dijo… Yo. Dijo Yo y una mano gigante le borró la mirada, le selló la boca y le robó las palabras. Y así la luz y las tinieblas volvieron a mezclarse, la tierra se engulló a sí misma y ni los niños, ni los pájaros, ni los parques ni las flores, ni la vida, ni la muerte, ni el orgasmo, ni sus piernas, ni la luna de la madrugada ni tan siquiera la Nada volvieron a liberar un solo suspiro.

La mano gigante siguió su transcurso. Después de haber clicado al botón salir, Second Life le saludó con un cordial: “Saving your last location”.

El Yo tenía hambre y si no se afanaba a apagar el ordenador, la cena se le enfriaría en la mesa.

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